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Archive for the ‘Lingüistas de ahora’ Category

La versión estructuralista de la lingüística del siglo XX solo en apariencia constituye un caso de poligénesis científica. Es vrdad que ha de esperarse hasta 1933 para encontrar su primera gran obra de referencia, Langage de Leonard Bloomfield. Es igualmente cierto que los autores norteamericanos trabajan en situaciones contextualmente muy diferentes, lo que se proyecta en mayor o menor grado en sus obras. Pero, al mismo tiempo, preciso es reconocer también que muchos de ellos, o son europeos inmigrados, o se han formado en Europa, por lo que hay una cierta línea de continuidad respecto del otro lado del Atlántico.

  1. Bases epistemológicas del estructuralismo en EE.UU. Bloomfield

Como acabo de señalar, la primera gran referencia hay que buscarla en Bloomfield. Solo que la fecha de aparición de Langage puede inducir a error. En realidad esa obra supone la culminación de un programa de investigación que arranca en 1917, cuando inicia una serie de descripciones gramaticales de lenguas como el tagalo, el antiguo alemán, etc. Bloonfield se detendrá más de una década en esos trabajos, lo que supuso una sólida base de conocimiento de la diversidad lingüística desde la que impulsar su modelo teórico.
No es de extrañar, pues, que Langage se rija por tres principios fundamentales

  • Empiricismo
  • Principio fonémico
  • Regularidad sincrónica

Bloonfield propone realizar una tarea profusamente taxonómica que, partiendo de la frase (unidad máxima de análisis), llegue por descomposición sucesiva hasta los elementos mínimos, los rasgos de sonido que componen los fonemas. De ese modo, mediante el contraste del mayor número posible de frases, se podrán establecer los principios de regularidad que organizan una lengua.

El empiricismo es máximo. Todo lo que no se corresponda con la estricta realidad observable y mensurable queda fuera de la lingüística, en tanto que conocimiento científico. De ese modo se ve obligado a renunciar a la semántica, sin duda una de sus decisiones más polémicas.

bloomfield

 

Language http://www.mohamedrabeea.com/books/book1_1532.pdf

2. Ch. Hockett.

220px-Hockett

Ch. Hockett es, en primer lugar, el gran transcriptor metodológico de los principios del bloomfieldanismo, gracias a que sistematiza el análisis de constituyentes inmediatos, que defiende una concepción igualmente estructural del lenguaje.

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Además, Hockett realizó contribuciones determinantes para caracterizar el lenguaje humano, estableciendo una clasificación que todavía sigue en gran medida vigente en nuestros días.

Canal vocal-auditivo
Transmisión irradiada y recepción direccional
Transitoriedad
Intercambiabilidad
Retroalimentación
Especialización
Semanticidad
Arbitrariedad
Carácter discreto
Productividad
Dualidad o doble articulación
Transmisión tradicional
Capacidad de aprendizaje
Prevaricación
Desplazamiento

Kenneth_L._Pike

El modelo tagmémico de Kenneth Pike supone un grado de evolución más en esa dirección que estamos observando hasta ahora. Un tagmema es una unidad formal/funcional de las lenguas, en la que convergen elementos procedentes de los tres niveles lingüísticos que toma en consideración: fonológico, gramatical y léxico. El tagmema fija un marco, que es rellenado por componentes concretos de la actividad de las lenguas. Por ejemplo, la cateogría sujeto constituiría un tagmema que puede ser manifestado  mediante un sustantivo, una frase nominal, un pronombre o un infinitivo.

Cada uno de esos tres niveles se articula a partir de unidades mínimas que van imbricándose en niveles cada vez más elaborados. Así, el fonológico se inicia en el fonema, continúa en la sílaba y así sucesivamente hasta llegar a las curvas melódicas. La gramática arranca de los morfemas, continúa con las frases y concluye constituyendo párrafos. El léxico, por su parte, se inicia en el lexema hasta terminar configurando las estructuras de las lenguas.

Es realmente sugerente que, aunque Pike discrimina esos tres niveles, insiste en que actúan de forma artículada y simultánea.

4. Z. S. Harris

Harris da un paso más allá en la concepción estructuralista norteamericana que lo sitúa en la antesala inmediata de la Gramática Generativo-Transformacional que luego fundará N. Chomsky.

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Especialmente determinante fue su distinción entre “kernel sentences” y “non-kernel sentences”; esto es, entre construcciones que podía considerarse nucleares al funcionamiento fundamental de una lengua y otras derivadas, o producidas, a partir de las anteriores.

Sin duda, es el germen más que directo de Chomsky, probablemente con mayor capacidad descriptiva, por lo que la figura de Harris debería tener una importancia extraordinaria, al menos en el estructuralismo del siglo XX.

5. Noam Chomsky

La figura de N. Chomsky trasciende, con mucho, su relevancia como lingüista, que no es poca precisamente. Activista social, ensayista, científico y catedrático del emblemático MIT, la influencia de Chomsky ha sido extraordinaria a partir de su irrupción como figura intelectual a partir de 1957.

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Evidentemente, aquí está por su aportación a la lingüística sobre la que, para empezar, cabe señalar que supuso un intento riguroso de homologación al paradigma científico imperante en el momento de su aparición, a finales de la década de los 50. Como sucedía en las llamadas ciencias exactas, Chomsky se propone realizar un modelo lingüístico formal, exhaustivo y lo más depurado posible. No parte del vacío, cuenta con la herencia de Harris, además de la directa influencia de la teoría matemática de la información y del conductivismo propugnado por los psicólogos norteamericanos de su tiempo.

El modelo inicial, las Syntactic Structures  de 1957, pretenden hacerse cargo de la caracterización lingüística de un hablante /oyentes ideal; esto es, un hablante no sometido a condicionamientos o influencias de ninguna clase, en estado absolutamente puro. Ese hablante/oyente actúa como sujeto lingüístico poniendo en funcionamiento dos diadas de mecanismo psicológicos: la competencia (su capacidad para construir/entender estructuras gramaticales). La actuación es el resultado de la competencia, que en consecuencia articula la actividad verbal.  Ambas operan sobre una serie de reglas de base que permiten construir frases muy elementales en la estructura profunda de la mente individual. Desde hay, viajando a través de la psique, llegan hasta la estructura superficial cuando son verbalizadas. Solo que en ese tránsito las estructuras básicas han podido sufrir modificaciones, perdiendo elementos, ganándolos, permutándolos o sustituyéndolos, debido a la intervención de las reglas de transformación.

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El propio Chomsky es consciente de que su modelo cuenta con demasiadas limitaciones, sobre todo por dos razones: primero, porque no explica los componentes fónicos y semánticos y, segundo, porque produce oraciones gramaticales, pero realmente imposible. Procede en consecuencia a introducir modificaciones para aquilatar su diseño inicial.

Esquema_modelo_Estandar
A ello agrega un filtro pragmático, encargado de que alcancen la superficie aquellas construcciones que sean pragmáticamente pertinente.

Entre 1975 y 1981, período que cuenta con Lectures on Government and Binding como obra más emblemática, introduce principios y parámetros, explicativos ahora de la dinamicidad, al menos psicológica, de las lenguas.

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A partir de 1995 aparece The Minimalist Program, en el que ni tan siquiera existe estructura profunda, sino simplemente trazas, o huellas de su existencia.

Al margen de introducir un voluminoso aparato formal, los seguidores de Chomsky han terminado por ser poco efectivos en la descripción de la realidad lingüística. De hecho, con el transcurso de los años, se advierte desde el principio una debilidad consustancial grave desde el punto de vista epistemológico. Los hablantes/oyentes ideales que propone Chomsky ni existen, ni lo han hecho, ni lo harán nunca. Ser hablante y oyente, precisamente, implica justo lo contrario, con lo que toda esa discusión cae por una falta evidentísima de fundamento empírico.

Curisoamente, las ideas de Chomsky si tuvieron gran repercusión en dominios de aplicación, justo en las antípodas de sus postulados. Hoy son útiles al menos en dos campos, inteligencia artificial y caracterización de patologías lingüísticas

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El pasado 13 de noviembre moría en Charlottesville (Virginia) Dell Hymes, uno de los nombres porfundamente grandes de la lingüística, no solo del siglo XX, sino que yo me atrevería a decir que de todos los tiempos. Llevo más de un cuarto de siglo tratando de trabajar en sociolingüística, siempre desde una perspectiva amplia, integradora e integral. Para alguien como yo, glosar la figura del Profesor Hymes resulta algo casi inmediato, por no decir que mecánico. Protagonista indiscutible de la etnografía del habla, autor de conceptos tan clave como los de competencia comunicativa o evento comunicativo, Hymes ha sido una referencia sencillamente inexcusable. Sus ideas se han proyectado a la práctica totalidad de ámbitos de la lingüística contemporánea y han sido una de las grandes responsables de que hoy concibamos el lenguaje como una actividad primaria y esencialmente comunicativa. Después puede venir todo lo demás, los listados de elementos formales, sus relaciones y hasta las reglas sintácticas. Pero todo eso, y lo que queramos agregar, obedece a un plan último, a una razón nodal: permitir la intercomunicación entre los humanos.  Y cuando ya toca recordar la figura de Hymes, quisiera apartarme de la formalidad de los méritos curriculares, que son muchos y, por lo demás, conocidos sobradamente. Yo prefiero evocar al Hymes responsable directo de que hoy dispongamos de una lingüística con rostro humano.  En el momento en que arrancan sus grandes propuestas teóricas entre los 60 y los 70,  la lingüística vivía todavía entre los últimos rescoldos del estructuralismo y el gran auge de la gramática generativo-transformacional. Formalismo a ultranza, apriorismo indiscriminado, hablantes/oyentes que, de puro ideales, eran simplemente inexistentes, cantidad ingente de reglas que, ancladas en el interior de nuestra mente, luego terminaron quedando en meras huellas…..Y en esto llegó Hymes, nos hizo comprender que la existencia del lenguaje humano obedecía a principios más simples, a la vez que infinitamente más profundos, más conectados con la vida de todos y de todos los días. No es tan raro que su hipótesis básica coincidiese, al margen de distancias disciplinares y formales, con la que por aquellos mismos años estaban delineando los paleontólogos, vinculando de manera determinante desarrollo de la capacidad lingüística, socialización y evolución de la especie humana. Lo filogenético y lo ontogenético se encontraban, además, a través de disciplinas tan supuestamente distanciadas. Pero quizá esta sea una de las más profundas lecciones que Hymes nos enseñó: comprender que el lenguaje no se puede disociar del Ser Humano, como este tampoco es comprensible sin el lenguaje. Quienes hemos compartido esa concepción de la sociolingüística hoy nos sentimos intelectualmente huérfanos, a la vez que comprometidos en mantener vivo un legado científico que ha sido ejemplar.

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